lunes, 6 de marzo de 2017

EL PÚBLICO: ENTRE LA OBRA Y EL MUSEO


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón de arte popular

Las diferentes transformaciones, adaptaciones e innovaciones sobrellevadas por el arte a lo largo de la historia de la humanidad, llevaron al espectador a comportamientos y exigencias diferentes para acomodarse a cada momento histórico.  Con las obras maestras del período clásico, en las que se admira el virtuosismo técnico, el observador, caracterizado por sus riquezas y posesiones, contempla y disfruta de un arte mimético que idealiza la realidad. En ese entonces, los pintores y escultores tenían su fuente de financiación en la nobleza y el clero, y sus producciones eran utilizadas como estrategias para reafirmar el poder de esta élite social.

Seguidamente el pintor busca emanciparse de las clases poderosas, para mostrar las rudezas de la vida cotidiana, las cuales llevan cuestionan la ideología política. Tal búsqueda da inicio a la modernidad artística. En la perspectiva modernista el espectador sigue en una conducta contemplativa, pero comienzan a aparecer nuevos significados sobre los valores más anquilosados de la sociedad. No obstante, todo este proceso se apoya, en gran medida, en la aparición de los museos, instituciones ideales para la conservación, la sacralización y garante de la distancia conveniente entre la obra de arte y el observador.

Antes de la institucionalización de los museos, las pinturas y esculturas estaban exhibidas en los palacios, las catedrales, los monasterios y casas de familias adineradas, donde la distancia entre la obra y el espectador estaba demarcada por el mobiliario y por la pertenencia a estos grupos sociales. En cambio, los museos ofrecen otro tipo de distancia, en ellos se funda la idea de acercamiento, de un público más amplio, a los objetos artísticos más relevantes de la historia de la humanidad. En los museos, el arte es estimado como objeto sagrado digno de veneración. En consecuencia, el visitante es contemplativo, alguien que desconoce las circunstancias históricas en que fueron realizadas las obras, convirtiéndose en un espectador transitorio y fugaz.

Sin embargo, con las proclamaciones de las vanguardias artísticas el espectador será otro. La distancia entre la obra y el público es cada vez menor, a tal punto que el espectador se convierte en aliado creativo del artista. La contemplación pasiva transmuta en una acción destacada en el proceso artístico. Con estas nuevas relaciones entre el artista, la obra y el espectador, el espacio expositivo se acomoda y se esmera por ponerse al día con las nuevas circunstancias.

La modernidad fue tanto para el arte, los artistas, los espectadores y los espacios de exhibición, una confluencia de las múltiples facetas de la vida. Una coherencia en la que la obra, diferente del artista, adquiere una autonomía que la transforma en sujeto que puede establecer diálogo con su interlocutor, el espectador.

Otro de los cambios a los que estuvieron expuestos tanto el espectador y el espacio de exhibición, se circunscribe a las propuestas artísticas contemporáneas. El arte, denominado contemporáneo, llevó al extremo las posibilidades de las propuestas artísticas. Ellas que inician una carrera anti-institucional, reclaman espacios alternativos donde la interacción obra-espectador sea necesaria, donde el espectador no se sienta cohibido de analizar, interpretar e intervenir en el resultado de la obra. Estos espacios se acercan más a lo público y el espectador es cada vez más complejo, esto es, personas sin relación con los espacios expositivos actuales y con comportamiento despreocupado, quienes traen formas de participación que no están intermediadas por elaboraciones conceptuales, sino que más bien son espontáneas y efímeras.

Estos espacios no son neutros y cerrados, sino que son abiertos para ampliar el espectro de significaciones que pueda tener la obra, porque ella debe interactuar con el espacio escogido. Por tanto, la intencionalidad de los artistas a través de sus trabajos, de los espectadores en su interacción con ellos, de los espacios como significantes y mediadores, hacen del artista, la obra, el espectador y el espacio expositivo una intrincada relación multi-contextual.

En suma, las relaciones artista-obra-espectador, ofrecían una dinámica relativamente cómoda por su similitud con el sistema comunicativo, es decir, la relación emisor-mensaje-receptor. Pero cuando surge un cuarto aspecto, relacionado con el espacio, llámese ambiental, histórico, cotidiano, público, privado o expositivo, la carga semántica se amplía y las posibilidades de relación cambian. De tal manera, al mismo tiempo de los cambios sustanciales del arte, se han renovado los espectadores y han aparecido nuevos espacios expositivos.

¿EN TU EXPERIENCIA COMO ESPECTADOR, HAS NOTADO LAS RENOVACIONES DEL ARTE?


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