miércoles, 5 de julio de 2017

LA GESTIÓN DE LO POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

Por lo general, la gestión cultural parte de la idea de identificar si la población, con la que se desea trabajar, es urbana o rural, si las tradiciones autóctonas prevalecen sobre las modas internacionales, cuales son las influencias de las grandes urbes en las zonas rurales. Estos elementos básicos son importantes en la medida que aceptamos que la globalización económica trajo consigo diferentes maneras de entender los conceptos de tradición e identidad contrapuesto a la innovación e internacionalización. En esta desequilibrada lucha de contrarios, relacionada con las ventajas económicas de uno sobre otro, surge la visión de que la cultura es un objeto de comercialización que se puede exportar y por tanto masificar. Esta idea de cultura ha traído responsabilidades que normalmente conciernen a las políticas de Estado.

Ahora la cultura debe promover conocimientos encaminados a la gestión de la auto-sostenibilidad, amparada en objetos que representen las tradiciones locales, lo que a la postre se ha convertido en un arma de doble filo, pues las “producciones culturales” que alcanzan mayor visibilización son aquellas que han penetrado el mercado pero que poco o nada traen beneficios directos a los pueblos. La cultura del espectáculo se confunde con los conocimientos ancestrales y locales. Esta idea de cultura no diferencia entre el potencial económico de las artes plásticas que se generan en las megalópolis de Europa o Estados Unidos en relación con el arte producido por los artistas empíricos latinoamericanos o colombianos. En resumen, ahora la idea de cultura que ha permeado nuestra nación está en la disyuntiva de reconocerse a sí misma, pues no queda claro si es un conjunto de conocimientos y comportamientos que hacen que una comunidad sienta arraigo, comparta algunos ideales e intereses o si, por el contrario, es una “industria” que promueve objetos y experiencias en las que predominan los placeres fugaces.

En este contexto, la gestión de lo popular se vuelve compleja, pues los proyectos encaminados a promover beneficios sociales, quedan limitados en la medida que las organizaciones que trabajan en este esquema, que están reconocidas bajo la denominación de sector empresarial no-lucrativo, carecen de los recursos económicos para poner en marcha sistemas de producción y comercialización. Es decir, la gestión cultural ha demostrado con suficiencia que tiene los conocimientos y las capacidades técnicas y operativas para establecer procesos de enseñanza-aprendizaje, diseño de productos y servicios, pero sin capacidad de financiación, lo que obliga a plegarse a los requisitos de las “industrias culturales” para acceder a inversionistas que “apoyan” bajo la consigna de rendimientos económicos y de prestigio social, sin tener en cuenta el bienestar que trae consigo el capital simbólico que deviene de la promoción cultural.


En este sentido, la gestión de lo popular se enfrenta a un contexto de auto-sostenibilidad contradictorio: se cumple con el requisito de diseñar productos y servicios pero no con los requerimientos para la financiación, pasando por el desgaste que implica su formalización legal y administrativa. Y estas limitaciones se incrementan cuando la gestión se inclina hacia las artes plásticas, pues el sistema de valoración de la libertad artística impone contenidos especulativos que reducen sus posibilidades de auto-sostenibilidad. Su carácter único e irrepetible convierte a las artes plásticas en bien cultural dirigido a grupos sociales de mayor poder adquisitivo.

Por todo lo anterior, la gestión cultural a partir de su capital más abundante, la creatividad, entendida como capacidad que se interesa en dar soluciones a algunas de las problemáticas sociales, debe tener en cuenta las siguientes dinámicas para llevar a feliz término sus objetivos:

1. Influencias de la globalización: Cómo se afecta la cohesión social cuando las tradiciones y costumbres se reemplazan con la cultura del entretenimiento.
2.Consolidación de la identidad: La cohesión social es un patrimonio que se sustenta en los intereses comunes, la empatía, la cooperación y el sentido de pertenencia. La identidad nos permite vernos como iguales en la medida que compartimos una historia común y un presente con obstáculos similares.
3.  Diferenciar el patrimonio de las producciones artísticas: El patrimonio implica historia compartida, génesis de nuestros comportamientos y preferencias, mientras el arte supone el análisis del patrimonio en tanto versión actualizada, que en ocasiones pueden describir algunas perspectivas de futuro.
4. Cooperación y bienestar social: Es importante entender que el paternalismo gubernamental no puede solucionar todo lo que los sistemas económico, político y cultural generan. Como complementación, las actividades que se originan en las propias comunidades han traído resultados positivos inesperados que rara vez son posibles cuando los gobiernos centrales intervienen.

En resumen, la gestión de lo popular debe tener disposición para buscar equilibrio entre las influencias de la globalización y las tradiciones, para encontrar mecanismos que promuevan el patrimonio y la creación de bienes culturales nuevos, para desarrollar visiones alternativas del futuro y así proponer objetivos comunes que puedan ser alcanzados con trabajo cooperativo.

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