martes, 13 de febrero de 2018

EL ARTISTA Y SU COMUNIDAD


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

Los artistas autodidactas son hombres y mujeres que descubren saberes en las contingencias de la vida diaria. Sus capacidades no se estimulan con las lógicas y prerrequisitos de la educación formal. Ellos se atreven a indagar entre sus deseos y dudas las situaciones en la que la voluntad se siente cómoda. Generalmente esta labor la procesan solos, lo que hace que el reconocimiento a su trabajo se aloje en la profundidad de su ser. En ocasiones encuentran apoyos desinteresados que los animan a mejorar sus técnicas e ideas. Rara vez se benefician de asesorías especializadas, situación que dificulta sus procesos de adaptación en relación con las transformaciones insistentes del universo del arte.

Ello quiere decir que sus influencias, marcos de referencia e ideas vitales se alimentan del influjo de informaciones disímiles y contrapuestas, de redes informales de amigos, familiares, compañeros de trabajo y juerga que matizan y ponen en entredicho sus expectativas artísticas. Por ello, la voluntad de estos artistas tiene como tarea fundamental sortear los obstáculos y tergiversaciones que la comunidad, ajena al mundo de arte, les impone. En este sentido, los contenidos que se solapan en las acciones artísticas populares se afirman en una observación profunda de la vida cotidiana, con las cual es posible canalizar las esperanzas e inquietudes más arraigadas.

El acervo biográfico también pone en evidencia el marco de acción que tienen las esferas sociales en el desarrollo creativo de los artistas. La familia, el barrio y la escuela son lugares de encuentro en los que las personas estructuran sus preferencias, sus necesidades de expresión, sus limitaciones de enunciación y la búsqueda de saberes que consoliden su singularidad frente a los demás miembros de la comunidad.

Si los ideales de la cultura popular están afianzados en la mayoría de los miembros de la comunidad, sus manifestaciones artísticas provienen de una minoría que tiene la voluntad de indagar sobre los supuestos que llenan de dificultades su entorno social. Dicha voluntad debe su energía a la acumulación de experiencias y sentimientos que impulsan a descubrir alternativas que permitan desarrollar y mostrar las inconformidades o las alegrías que permanecen ocultas. Vivir, sentir y adaptarse a lo popular depende de encontrar en la tradición los beneficios de su legado, en relación con la incertidumbre que trae consigo las coyunturas actuales. Lo popular es adaptarse al devenir del día a día.

De esta manera, el resultado del arte popular surge de este pequeño grupo de personas que tienen dificultad para comunicar sus puntos de vista por medio de la tradición oral. Prefieren recurrir a la utilización de imágenes, que habitualmente se reconocen con facilidad y con las cuales elaboran analogías que permiten comunicarse con honestidad, sin el temor de ser censurados, malinterpretados e incluso ser objetos de burla. Aquí cabe destacar la importancia del virtuosismo, pues entre más depurada sea la técnica, tanto las tradicionales como las innovadoras, alcanza mayores reconocimientos estéticos y por consiguiente su contenido semántico gozará de amplias discusiones.

El universo simbólico de la cultura popular ayuda al artista autodidacta a trastocar los significados. Sin embargo, esta permisividad no es la derivación de una mente abierta de lo popular, se debe a que, como lo explica José Joaquín Brunner en su libro Un espejo trizado, las movilizaciones del campo a la ciudad, situación recurrente en Colombia, generan desarraigo, no sólo de la tierra y de las familias, sino también de las tradiciones, del capital cultural y simbólico. En el ambiente escolar, en el impacto de los medios masivos de comunicación, en las exigencias de las pujas urbanas las clases populares deben reescribir su estructura psicológica para adaptarse y sobrevivir.

En suma, es importante destacar que la capacidad adaptativa de la cultura popular deviene de su carácter no-organizativo, pues ella adolece de programas que delimitan la acción y esta es su radical diferencia con la cultura hegemónica. Hegemonía implica institucionalización, es decir, una programación en donde los bienes culturales son el resultado de un proyecto controlado. Por otro lado, desde el punto de vista cognitivo, la cultura popular al ser maleable y adaptativa se alimenta de consciencias dispersas, fragmentarias y heterogéneas. Consciencias que se potencializan con la voluntad del artista autodidacta, pues son tomadas por la institucionalidad como resistencias en contra de la estandarización.


¿EN TU TRABAJO ARTÍSTICO, CÓMO RELACIONAS LA INFORMACIÓN ESPECIALIZADA CON LOS AVATARES DE LA VIDA DIARIA?

jueves, 4 de enero de 2018

ENTRE EL RECONOCIMIENTO Y LA LEGITIMACIÓN


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

El reconocimiento no surge de mera aprobación de lo ignorado, su demanda depende de la confluencia, aceptación y comprensión de muchos puntos de vista. El reconocimiento no es el resultado de una norma jurídica, tampoco es la lucha inagotable de algún grupo social, mucho menos la conclusión irreversible que se encuentra en el transcurso de los tiempos. Es, más bien, la articulación de decisiones políticas con los intereses de las dinámicas sociales lo que hace que el comportamiento de la vida diaria sea la expresión efectiva de la cohesión y el reconocimiento de cada comunidad con sus particularidades.

Por su parte, la legitimación supone la inclinación de la voluntad general hacia la aceptación de comportamientos considerados naturales. Su validez se logra cuando el convencimiento del público encuentra reflejo de sus propios intereses e inquietudes en las dinámicas de la sociedad. Esta energía consensual, motiva significados y valores que son tenidos en cuenta no sólo por la población en general, sino que también son observados por el sistema político y legal, además de ser analizados por comunidades de expertos que explican las influencias de los discursos que genera.

Muchos de los intereses comunes devienen de las apuestas de proyección y difusión que guían los proyectos educativos y culturales. La manera como experimentan las comunidades populares las actividades programadas por las instituciones culturales, provoca condicionamientos y supuestos que levantan barreras y restringen cualquier asomo de empatía. Esta situación es el mayor obstáculo que se debe superar para la creación de nuevos públicos y la ampliación de la cobertura socio-cultural, la cual es un proceso de reconocimiento y legitimación del saber artístico popular. Para esto, es menester reescribir con urgencia los significados de los valores elitistas que proyectan estas entidades.


Esta apuesta consiste en tomar al público como un componente activo que plantea exigencias al mundo del arte. No es sólo la aparición de obras de arte y sus posibles formas de exhibirlo, sino también sus potenciales espectadores. Estos al revelar contribuciones más coherentes y conscientes hacia el arte, que están al margen de explicaciones eruditas, esbozan paralelos entre las realidades sentidas, pensadas e imaginadas, lo que reconfigura el coeficiente social como expresión legítima del pensamiento.

Según Jesús Martín-Barbero, la importancia de la cultura popular no depende solamente de la mixtura de colores y texturas que caracterizan las artesanías, ni la espontaneidad con la que integra lo foráneo con lo autóctono, su trascendencia es que atraviesa, influye y renueva los significados de la realidad de las mayorías demográficas. Su volumen de representatividad es el trasfondo que obliga al trabajo constante de los legisladores para vislumbrar algún tipo de orden que pueda contener la energía potencial de la cultura popular.

De esta manera, el arte popular al ser tenido en cuenta en la programación de los museos y centros culturales del país, legítima las capacidades creativas y analíticas que se expresan en las obras realizadas por los artistas autodidactas, dando un espaldarazo a los imaginarios que enarbolan el sentido de pertenencia en las comunidades. El arte popular es una clave de lectura que ayuda a descubrir vínculos e influencias entre nuestras formas de vivir con los valores y virtudes propios de la identidad colombiana.

El reconocimiento y la legitimación conviven como una colcha de retazos que cubre un amplio espectro de luchas, dignidades y voluntades que complementan intenciones personales con intereses comunes, para generar explicaciones y justificaciones de vivencias reales que adolecen que comprensiones claras. Con todo, la cultura popular es la garante y la trasmisora de la identidad de un país, no como un proyecto a seguir, sino como una fuerza vital.

¿QUÉ NECESITA LA CULTURA POPULAR PARA SER TENIDA EN CUENTA POR LOS PROYECTOS EDUCATIVOS Y CULTURALES DEL PAÍS?


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ARTE HABITABLE


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

Con la aparición de la instalación como técnica artística se percibe un cambio paradigmático en la manera de realizar y comprender arte, pues hasta ese momento los espacios bidimensional y tridimensional estaban limitados a superficies planas o a piezas escultóricas. Con la instalación el espacio deja de ser un contenedor donde se localiza todo lo tangible y a través de él el mundo de los objetos adquiere sus infinitos significados. Tal como lo explica Kant, resulta imposible imaginar objetos sin espacio, al mismo tiempo que es habitual pensar en el espacio vacío. Bajo esta consideración, el arte realizado con objetos que no dependen de la manufactura del artista objetual, es una manifestación cultural condicionada por técnicas, materiales u objetos que ocupan lugares en los que rara vez se da importancia a los contextos donde fueron creados, pero en los cuales se diversifican los significados que acuñaron su valor social.

Este cambio paradigmático también ofrece una visión alterna de los afectos que se produjeron en las dinámicas económicas y de mercado sobre el arte, pues las vanguardias artísticas, con intenciones de ruptura y de trasgresión social, fueron desvirtuadas cuando la transacciones comerciales logran convertirlas en objetos suntuarios y de prestigio, es decir, mientras los artistas de las vanguardias apelaban a una libertad total, el mercado se encargó de convertirlos en estandartes que aumentan el reputación social de sus compradores. De tal suerte, la instalación supone una emancipación del mercado en la medida en que al coleccionista le resulta complejo adquirirla, debido a su naturaleza efímera.


En esta intención emancipadora, la idea de espacio comienza a encontrar matizaciones simbólicas. Un ejemplo de esto es lo analizado por Javier Maderuelo en su texto El espacio raptado, donde el emplazamiento de la obra tridimensional se desplaza a terrenos donde confronta a la arquitectura y el espacio público. Desde entonces, la ocupación de espacio se transmutar en lugar semántico y en adelante toda creación artística in situ debe tener en cuenta las variables simbólicas del lugar para aspira a una valoración transemiótica, esto es, que el arte vale más por lo que puede decir que por lo que dice (Acha).

En tal sentido, con el protagonismo de los diversos significados del espacio-lugar en el proceso de creación artística, se amplían las posibilidades del arte para incidir en la sociedad donde es producido, porque recoge acuerdos implícitos de las comunidades en las que cualquiera puede participar en mayor o menor proporción. Además, por el alto grado de participación que tiene la semántica del espacio-lugar en el arte, los artistas lo usan de manera discrecional, como algo manipulable y mutable, como algo que admite transformación.

Esa nueva función del espacio-lugar en el arte, implica una nueva relación entre el espectador y las manifestaciones artísticas, debido a que las personas ya no experimentan la realidad a través de los objetos que las rodean, sino que interpretan la relación que surge entre ellos, esto es, los significados que el espacio-lugar puede aportar. Así, se clarifica la intencionalidad del hombre frente al lugar, porque permite convertirlo en un soporte al que se puede otorgar nuevas visiones.

En consecuencia, el artista interesado en esta diversificación del arte ya no se interesa en producir objetos nuevos para la contemplación, ni mucho menos dar cuenta de virtuosismos técnicos, sino que por el contrario se arriesga a ofrecer al espectador la posibilidad que desarrolle su propia relación, porque la distancia contemplativa desaparece para dar paso a un arte habitable que impulsa el pensamiento contextual. De esta manera los artistas del arte en el espacio intentan condicionar, programar, guiar comportamientos, porque al ser el espectador un habitante de la obra no le queda otra opción que establecer relaciones con los objetos que la componen.

Con la intención con la que el hombre actúa en el lugar aparece una nueva forma de vivenciarlo, porque tiene el potencial del comportamiento ritual para crear metáforas de nuevos acuerdos y encuentros en las que los intereses fluctúan entre la complementación y el choque. Por ello, el lugar adquiere el matiz de escenario, espacio crucial para la interacción colectiva. De aquí se desprende, que el lugar-escenario reivindica el acto simbólico del encuentro, porque las producciones artísticas que en él se sitúan modifican la noción de obra-objeto por la de escenario-sujeto.

En el mundo contemporáneo, donde todo tiene relación con todo, el arte absorbe y reconfigura la maraña de los detalles que sólo adquieren importancia si hay una apropiación activa por parte del espectador. Proceso idóneo para la reanimación del capital simbólico de la sociedad.

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viernes, 3 de noviembre de 2017

CREATIVIDAD, ARTE Y VIDA SOCIAL

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón BAT de arte popular

Toda persona es capaz de ser creativa. Esto es una necesidad, un impulso innato en cada individuo. Sin embargo, pese a su potencial, la creatividad es un proceso que necesita de técnicas, entrenamiento, voluntad y agudeza. Crear es la pericia que proporciona soluciones a las contingencias de la vida, generando autocontrol y autoestima. Estados emocionales que favorecen, en última instancia, la convivencia social.

Lo importante de la creatividad es concebirla como un instrumento que explora nuevas alternativas para comprender cómo la propia vida se articula a las dinámicas del mundo. Ello supone el encuentro de diferentes puntos de vista para justificar y explicar una misma situación. La creatividad se basa en la habilidad de extraer las oportunidades que están ocultas en los obstáculos, y así desarrollar las capacidades propias del individuo para proyectar estrategias que permitan alcanzar la satisfacción y mejorar personalmente.

El proceso creativo se explica desde la premisa, según la cual, las capacidades cognitiva y emocional dependen de una complicada interconexión sináptica que supera los pensamientos comunes para construir un archivo independiente de informaciones aleatorias, en el inconsciente. Esta zona, oculta al estado consciente, sólo puede ser franqueada por las tácticas simbólicas de las imágenes, debido que engloban, de mejor manera, su contenido. A diferencia de las imágenes, la expresión oral, las palabras y las conversaciones habituales conducen a connotaciones semánticas limitadas. Por ello, la compleja interdependencia entre los pensamientos y los sentimientos, se expresa más fácilmente a través del arte.

Las imágenes son elementos fundamentales en la  producción de conocimiento. Todo pensamiento, sea concreto o alejado de la realidad, necesita de un proceso mental, cuya fórmula inevitable es la visualización. Según los avances en la neurociencia, la percepción visual y el procesamiento de imágenes  ocupan el 30% del potencial del cerebro. Si extrapolamos este consumo de energía neuronal, significa que aproximadamente el 7% de la energía necesaria para el funcionamiento de todo el cuerpo, es requerida para asignar un like a una imagen en Facebook.


El procesamiento de imágenes, en el que se incluyen recuerdos y estímulos sensoriales inmediatos, está enmarcado en la esfera de lo estético, mientras la creación de imágenes (proyecciones visuales), exige procedimientos cognitivos que sólo pueden ser refinados a través del aprendizaje. En tal sentido, generar configuraciones visuales, característica fundamental del proceso artístico, no supone un innatismo neurológico similar a la estética, sino que más bien es un proceso cognitivo cercano a la ciencia.

El arte posee una estructura que necesita ser enseñada y aprendida. Por ello, es el instrumento idóneo para despertar y acrecentar la creatividad y autoestima de las personas. El arte ayuda en aspectos socioemocionales, tales como la exploración emocional y el conocimiento del "yo". También puede incrementar el sentimiento de control,  además de proporcionar una herramienta para expresar los pensamientos más íntimos sin temor a los prejuicios. Logros de esta naturaleza favorecen el bienestar emocional y el sentido de pertenencia hacia nuestros grupos sociales.

En conclusión, la articulación entre creatividad, arte y vida social, es mucho más que tres aspectos diferenciados en los que los individuos pueden actuar activa o pasivamente. De hecho, entre ellos existe una red de interdependencia que resulta imposible separar. La creatividad es un método que combina aleatoriamente las habilidades, los conocimientos y los intereses de las personas, con las ideas y valores predominantes de la cultura.

El arte es una herramienta que ayuda a la construcción material de una idea,adecuándola a las necesidades del ambiente social. El contexto cultural impone exigencias a las soluciones creativas para que puedan ser divulgadas y utilizadas como un bien común. La creatividad es el perfeccionamiento y expresión de un bien común.

¿QUÉ PRIVACIONES Y EXIGENCIAS HA SORTEADO TU VOLUNTAD CREATIVA?

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martes, 31 de octubre de 2017

LA RENOVACIÓN DE LO POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón de arte popular

Antes del año 1991 los conceptos tradición, identidad y cultura tendían a significados peyorativos o elitistas, según fuere el caso. Los dos primeros eran entendidos como añoranzas de un pasado vergonzoso del que había que escapar, para alcanzar los beneficios de la civilización. Referirse a ellos era ir en contravía del progreso civilizatorio. Mientras cultura, remitía a conocimientos y sentimientos sublimados por los poderes políticos, económicos o eclesiásticos. A partir de los cambios históricos mencionados, tradición e identidad no deben sus significados y valoraciones exclusivamente a los pueblos indígenas y afros, también comparten algunas influencias del ámbito urbano y cosmopolita, ya que más que antagonistas, fomentan una complementación que es coherente con las dinámicas de la sociedad contemporánea.

En este proceso de reconciliaciones y acuerdos la Fundación BAT se embarca en una idea cuya realidad era difusa. La preocupación más sentida en el inicio del Salón de arte popular fue la incertidumbre sobre la existencia o no de artistas empíricos que estuvieran deseosos de participar en este tipo de certamen. Sin embargo, las perspectivas fueron superadas ampliamente, abriendo un abanico tanto de posibilidades como de limitaciones que estaban por fuera de toda proyección.


La aceptación del arte popular no depende exclusivamente de su participación en el circuito artístico del país, sino que también depende de otros factores que no se hacen explícitos en las dinámicas de circulación de los bienes artísticos. Para los artistas que han contribuido al proceso de consolidación del arte popular en Colombia, existe un regreso inevitable a las ideas de tradición e identidad que son los preceptos por los cuales las mayorías demográficas intentan el reconocimiento y legitimación de sus modos para enfrentar la vida. Sin embargo, en un seguimiento agudo del resultado del trabajo de estos artistas se percibe pequeños giros en los que los significados de estos conceptos comienzan a renovarse. ¿No es una estrategia común reconocer algo en comparación con lo que no lo es? Si la novedad, no remite a la historia, los pueblos, desde sus conformaciones, reiteran su pasado. Si la ciudad es un organismo que reproduce el vértigo de la vida actual, la ruralidad es el nicho de la pausa y la contemplación. Si la escritura permite conservar el conocimiento de la humanidad, la oralidad narra los saberes de los antepasados.

Estas comparaciones se perciben en las obras presentadas en las cinco ediciones del Salón BAT de arte popular. Y es gracias a las intuiciones de estos artistas que podemos reconocer la importancia que tiene para la tradición, el proceso de adaptación a las exigencias del vértigo actual. Ahora su reconocimiento no está a merced de contrastarse con su contrario, sino que se han incorporado particularidades que dependen de sí mismas, en tanto folclor, sincretismo, alimentos e indumentaria que tiene su propio origen, desarrollo y puesta en escena. En este recorrido su sustrae la posibilidad de la renovación de lo popular, en tanto que se sacude de las concepciones socioeconómicas, educativas y etnográficas, para incorporar cualidades que están en el orden cognitivo.

Lo popular no puede seguir siendo concebido en relación con una postura elitista, tampoco con la popularidad de un acontecimiento o un personaje. El arte popular demuestra que existe una capacidad analítica y propositiva que se preocupa por lo que sucede a su alrededor, que no se abstrae en explicaciones institucionalizadas y que reconoce que hay influencias que deben matizarse para que tradiciones sigan vigentes como parte del proceso de cohesión de nuestra sociedad.


¿Qué elementos se han renovado en las obras participantes de los salones de arte popular?

martes, 19 de septiembre de 2017

LA RUTA DE LO POPULAR


Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón de arte popular

Demostrar la importancia de la cultura popular para fortalecer la empatía social entre los colombianos, es el eje trasversal por donde se mueven los contenidos y las indagaciones del arte popular. En este sentido, los saberes generados por los artistas empíricos se convierten en alternativas que independizan aquellas técnicas artísticas que fueron absorbidas por las fiestas populares, la música y las artesanías. Formas de expresión que graban sucesos históricos en tallas en piedra o madera, trasmiten sentimientos e ideas por medio de cerámicas y fotografías, conmemoran tradiciones con el uso del tamo o la pintura. Los procedimientos y materiales aprovechados por los artistas empíricos se alzan frente a las exigencias de la escena artística nacional y se cristalizan como saberes que encausan habilidades y conocimientos que estaban ignorados.

Si bien las tradiciones de los pueblos constituyen una diferenciación entre los intereses de lo rural y las preferencias de lo urbano, fue a partir del equipamiento cultural de las ciudades donde se comenzó a valorar las expresiones artísticas como elementos que permiten el desarrollo integral, tanto el del ser humano como el de las comunidades. Sin embargo, el desarrollo humano a partir de las condiciones rurales apela a otro tipo de instancias que están por fuera de la infraestructura cultural. Aunque, no en vano, la gestión cultural tiene una fuente primordial en el sistema educativo, en tanto trasmisor de conocimientos y tradiciones, no hay que descuidar que los saberes propios de los hábitos de la vida diaria sólo se conservan por la vivencia misma, es decir, tales conocimientos se entretejen, acumulan y resguardan por la actuación misma de la sociedad. En este sentido, una de las acciones colectivas de mayor cohesión es la fiesta patronal, que conmemora el santo que resguarda al pueblo y que despliega las bondades de las normas consuetudinarias.



En el intercambio vivencial de los habitantes del campo y de la ciudad se confabulan una serie de influencias que desarraigan lo propio para dar paso a lo foráneo. En este sentido, las tradiciones autóctonas sufren con la fiebre de las modas internacionales, la masificación de estándares de belleza, de lo bueno y lo correcto elimina las preferencias y aspiraciones de cada comunidad, las necesidades de las grandes urbes se imponen a las gentes de los pueblos, la tergiversación de los conceptos de identidad y tradición es contrapuesta a la innovación y a la internacionalización para consolidar una relación jerárquica entre los conocimientos innovadores y los saberes tradicionales. Todo esto gracias a la globalización económica que se concentró en el mundo citadino y que relegó al mundo rural a lo subalterno.

Frente a estos embates, en el recorrido de la ruta de lo popular, las expresiones artísticas han tomado consciencia sobre la importancia de mirar hacia dentro, pero sin perder de vista los dominios externos. Lo popular aglutina por fuera de un orden programático que estandariza las diferencias para reducir los esfuerzos de explicación y comprensión. El aporte vivencial de lo popular, desborda en experiencias que alimentan las condiciones sociales, no por la repetición de la rutina, sino por las contingencias que apuran en la búsqueda de soluciones.

En la ruta de lo popular y el arte que en este camino se desarrolla, se formaliza un saber hacer que intenta adaptar el patrimonio construido desde la cotidianidad y la tradición, a las exigencias del mundo actual, para buscar nuevos significados que generen sentido de pertenencia dentro de los diferentes actores sociales. En este sentido, el diálogo es el engranaje democratizador de los valores estéticos populares, flexibilizando su articulación con las necesidades del acervo emocional y vivencial hacia la convivencia pacífica, es decir, el arte popular desarrolla un alfabeto conceptual dinámico que trasciende las tendencias urbanas y globales para alimentar la rutina con nuevas perspectivas de aprehensión de la realidad. Con todo esto se despliega el mestizaje y la diversidad que habla de la riqueza cultural de Colombia, que inicia en lo rural y se disfruta en la ciudad.

¿ENCUENTRAS ALGUNA VINCULACIÓN ENTRE LO RURAL Y LO URBANO EN EL DESARROLLO DE LO POPULAR?


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miércoles, 9 de agosto de 2017

LA CONSCIENCIA ESTÉTICA

Por: Elkin Bolaño Vásquez
Coordinador Salón de arte popular

Tanto el arte como la ciencia son métodos exploratorios que buscan pistas sobre la trascendencia. Cada uno activa aspectos esenciales del cerebro. Mientras el arte proyecta sus configuraciones al comando de las emociones, la ciencia escudriña detrás de las apariencias, para exigir al cerebro pensante, leyes que expliquen todo. Con la puesta en práctica de estos saberes la humanidad se dispuso a fecundar respuestas, formulas y formas de belleza que ayudan a las personas a descubrir un más allá de la vida cotidiana.

Pero, a pesar de sus intenciones bondadosas, tanto el arte como la ciencia padecieron trastornos y transformaciones para rectificar sus respectivos caminos. Las ciencias clásica, alquímica, moderna y cuántica estuvieron acompañadas de los artes clásico, medieval, moderno y contemporáneo. Los pensamientos que desembocaron en teorías, también confluyeron en obras que configuraron emociones, o en caso contrario, los nuevos significados atribuidos a los sentimientos estimulados por el arte, develan conocimientos que buscan corregir las limitaciones de las formulas exactas. Entre uno y otro procedimiento, las conclusiones apuntan a que el ser humano cambia permanentemente la forma de contemplar, explicar y comprender la realidad.

Contemplación, explicación y entendimiento son atributos cognitivos que pueden ser aplicables tanto a la ciencia como al arte. El científico (paradigma del observador) examina el universo para imaginar las leyes que lo organizan, mientras el artista mira su entorno para conectarlo con su yo interior y así representar en su trabajo las emociones que el ambiente cultural resguarda. El científico explica el mundo a través de axiomas, teorías y leyes que, después de ser verdades unívocas, derivaron en verdades contextuales. Por su parte, el artista justifica la realidad compartida por medio de la invención de códigos artísticos, que inyectan nuevos valores semánticos a las relaciones sociales.

El científico entiende la naturaleza como una materialización evolutiva que orquesta todo lo existente. Entre tanto, el artista comprende que la realidad no se limita a lo que está fuera, sino que la naturaleza también está constituida por las pasiones y los pensamientos que se tienen de ella. Para el artista, la realidad es un fenómeno que se complementa con los significados que elabora la consciencia humana.

En este contexto, es importante mencionar los descubrimientos de la neurociencia en relación con el arte y la ciencia. Tal como lo demuestra el neurocientífico Semir Zeky, el cerebro visual desarrolla un sistema perceptual que crea esquemas para dar coherencia a los estímulos que se recogen del mundo exterior. Ello quiere decir, que tanto los sentimientos como los conocimientos son procesos cognoscitivos que dependen de la elaboración de modelos que se alimentan de la realidad. En consecuencia, todo cambio perceptivo es una transformación que sucede a nivel psicológico y semántico. En otras palabras, el arte y la ciencia nos preparan y entregan nuevos significados de los inevitables cambios sociales, para adaptarnos satisfactoriamente.

Sin embargo, no todas las transformaciones son positivas. Según Zeky, así como la evolución del cerebro es la responsable de los esplendores más reputados de la humanidad, también ha sido el detonante de las mayores miserias. Así como el cerebro tiene la capacidad de procesar descubrimientos asombrosos, también es fecundo en la creación de miedos y aberraciones autodestructivas. En este mismo sentido, Rodolfo Llinás sostiene que, cuando el cerebro se entrena lo suficiente como para resolver algunos problemas, al mismo tiempo crea otros. Integrar cada novedad, a las reglas que guían las costumbres, es poner en tela de juicio las creencias más arraigadas, y su aceptación depende de los resultados de las batallas que se combaten en el orden psicológico y cognitivo.

En suma, la consciencia estética depende de los grados de confluencia entre los saberes del arte y de la ciencia. Cada emoción y conocimiento define lo que somos porque en ellos está contenido todo lo relacionado con el placer, la aprobación y el deleite de ejecutar procesos analíticos, reflexivos y deliberativos con los cuales producimos un sentido de realidad que se adecué a cada uno de nuestros intereses e intenciones.

Si bien la consciencia estética se constituye y alcanza su refinamiento con la educación emocional y con la acumulación de conocimientos, ella sólo actúa en el presente, pues  su vitalidad se dictamina en la correlación eficiente con las contingencias del eterno ahora. Como conclusión, el neurólogo Donald Calne afirma lo siguiente: La diferencia esencial entre la razón y la emoción, es que la emoción conduce a la acción, mientras que la razón lleva a conclusiones. En otras palabras, el placer se esmera por el gusto mientras la razón justifica su disgusto.

¿NOTAS QUE TU CONCIENCIA ESTÉTICA ES UN SISTEMA QUE TE HACE APRECIAR EL MUNDO DE UNA MANERA ÚNICA Y PARTICULAR?

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